Página 234 - El Ministerio Pastoral (1995)

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El Ministerio Pastoral
espera que los predicadores escudriñen las Escrituras en su lugar y
le expliquen lo que ellas enseñan.—
El Evangelismo, 269, 270
.
La lectura afirma a la gente en la verdad
—. ...Aunque el pre-
dicador presente fielmente el mensaje, la gente no lo puede retener
todo. La página impresa es por lo tanto esencial, no sólo para desper-
tarlos y hacerles comprender la importancia de la verdad para este
tiempo, sino para arraigados y fundamentarlos en la verdad, y corro-
borarlos contra los errores engañosos. Los libros y periódicos son
los medios dispuestos por el Señor para mantener constantemente el
mensaje para este tiempo delante de la gente. En cuanto a iluminar y
confirmar a la gente en la verdad, las publicaciones harán una obra
mayor que la que el ministerio de la palabra hablada puede hacer
por sí mismo.—
Joyas de los Testimonios 2:534
.
Cuatro áreas de instrucción descuidadas
—Los pastores con
frecuencia descuidan estos importantes ramos de la obra: la reforma
pro salud, los dones espirituales, la benevolencia sistemática y las
grandes áreas de la actividad misionera. Como resultado de sus
esfuerzos, mucha gente puede aceptar la teoría de la verdad, pero
el tiempo revela que hay muchos que no soportan la prueba de
Dios. El ministro construyó sobre un fundamento de paja, madera, y
rastrojo, el cual será consumido por el fuego de la tentación. Algunos
probaron ser oro, plata, y piedras preciosas; éstos desde un principio
se asirán de la verdad. Pero si el maestro de la verdad hubiera traído
a estos conversos como lo debería haber hecho, presentando ante
ellos la obligación que descansaba sobre ellos, muchos de los que se
descarriaron de la verdad, podrían haber sido salvos.
Otro ministro sigue al primero, y en el temor de Dios presenta
los deberes prácticos, los derechos de Dios sobre su pueblo. Algu-
nos se retiran, diciendo, “Nuestro ministro que nos trajo a la verdad
no nos mencionó estas cosas. Hemos sido engañados. Estas cosas
nos fueron escondidas”. Y se ofenden por la Palabra. Algunos no
aceptan el sistema de diezmo; rechazan la benevolencia sistemática,
y se ofenden, se alejan, y no caminan más con aquellos que creen
y aman la verdad. Cuando se abre el campo misionero ante ellos,
invitándolos a trabajar, ellos contestan, “Esto no se nos enseñó”,
y vacilan en involucrarse en el trabajo. Cuánto mejor sería para la
causa, si el mensajero de la verdad hubiese educado total y comple-
tamente a estos conversos en cuanto a todos estos asuntos esenciales