Página 353 - El Ministerio de Publicaciones (1997)

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Divulgación de publicaciones por los adventistas
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Nuestras casas editoras debieran tener una gran prosperidad.
Nuestros miembros podrían sostenerlas si manifestaran un interés
definido por llevar las publicaciones al mercado. Pero si en el próxi-
mo año se manifestara tan poco interés como durante el año pasado,
las editoriales dispondrán sólo de un pequeño margen operativo
para hacer su trabajo. Cuanto más amplia la circulación de nuestras
publicaciones, tanto mayor será la demanda de libros que aclaran
las verdades bíblicas. Muchos se han disgustado a causa de las in-
consecuencias, los errores y la apostasía de las iglesias, y también a
causa de las ferias, las loterías y numerosas estrategias para extraer
dinero a favor de las iglesias. Hay muchos que andan buscando luz
en las tinieblas. Si nuestros libros, folletos y revistas que expresan
la verdad en claro lenguaje bíblico pudieran ser ampliamente difun-
didos, muchos descubrirían que es precisamente lo que necesitan.
Pero muchos de nuestros hermanos actúan como si pensaran que la
gente tiene que ir a verlos a ellos o ponerse en contacto con las casas
editoras para conseguir publicaciones, cuando en realidad miles de
personas ignoran que ellos existen.
Dios pide que su pueblo obre como gente viva, y que no sea indo-
lente, perezoso ni indiferente. Tenemos que llevar las publicaciones
a la gente e instarla a que las compren explicándoles que recibirán
mucho más que el valor de su dinero. Exaltad el valor de los libros
que ofrecéis. Nunca lograréis apreciar totalmente su verdadero valor.
Me sentí agobiada al ver la indiferencia de nuestro pueblo, que
hace alarde de una profesión adventista tan elevada. Se me mostró
que la sangre de las almas mancharía las vestiduras de muchos que
ahora se sienten cómodos y no responsables de las almas que perecen
a su alrededor por falta de luz y conocimiento. Se han puesto en
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contacto con ellos, pero nunca los amonestaron nunca oraron con
ellos o por ellos, ni hicieron esfuerzos definidos para presentarles la
verdad. Se me mostró que ha habido una incomprensible negligencia
en este sentido. Los ministros no están haciendo ni la mitad de lo que
podrían hacer para educar a la gente por quien trabajan; sobre todo,
en lo concerciente a la verdad y el deber, y como resultado, la gente
se encuentra sin entusiasmo e inactiva. El suplicio de la hoguera y
el patíbulo no están programados para este tiempo como prueba del
pueblo de Dios, y por esta misma razón el amor de muchos se ha
enfriado.