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Capítulo 59—El servicio fúnebre de Elmshaven
A las cinco de la tarde del domingo 18 de julio de 1915, en
Elmshaven,
“un lugarcito que la gracia ha bendecido en medio de este
mundo dolorido”,
se reunieron casi 500 amigos y vecinos para rendir su último tributo
de respeto a la memoria de la Sra. Elena G. White, y para consolar
con su presencia y simpatía a los que habían sido llamados a sufrir la
pérdida de una persona a quien habían amado con todo su corazón.
“El servicio se realizó en el prado, en frente de la tranquila casa
de campo de la Sra. White, que por mucho tiempo había sido un
puerto de descanso, un verdadero refugio, como ella a menudo lo
llamaba cuando volvía de sus actividades públicas. En un extremo
del prado se había erigido una glorieta para los ministros oficiantes;
al mismo tiempo se habían colocado convenientemente sillas y ban-
cos bajo los olmos umbrosos, con sofás y sillas mecedoras para los
de más edad y para los enfermos, lo que proporcionó asiento a todos
los que llegaron.
Las estrofas de un himno familiar cantado por un doble cuarteto
que representaba al Colegio de la Unión del Pacífico y al Sanatorio
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de Santa Elena, señaló el comienzo del servicio. El pastor R. W.
Munson, en su oración, pidió que todos sacaran provecho del ejem-
plo de la vida consagrada y piadosa de la que ahora dormía, y que
muchos encontraran ayuda y fortaleza especial en la lectura de sus
escritos. “Te rogamos especialmente—dijo él en su oración—, que
bendigas esos escritos que ella ha enviado a los cuatro rincones de
la tierra, para que el mundo oiga el mensaje en los muchos idiomas
a los cuales sus libros han sido traducidos. Te agradecemos por los
que están en la China, en Corea, en Japón, en la India, en el Africa
y en las islas de los mares, y que han sido ayudados a obtener su
conocimiento salvador de la verdad por la lectura de los escritos de
tu sierva. Bendice, también, te pedimos, oh Señor, a los que han ido
a esos países a llevar la luz para este tiempo... Oh Dios, acelera la
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