Página 154 - Nuestra Elevada Vocacion (1962)

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Permaneciendo en Cristo, 19 de mayo
Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto
de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en
mí.
Juan 15:4
.
Así como el sarmiento cortado, sin hojas, y aparentemente sin vida, es
injertado en la cepa viva, y fibra por fibra, y vena por vena, bebe de la vida
y la fuerza de la vid hasta que retoña y florece y produce fruto, así también
el pecador, mediante el arrepentimiento y la fe, se conecta a sí mismo con
Cristo, se convierte en participante de la naturaleza divina, y por sus palabras
y acciones produce los frutos de la vida santificada.
Jesús “tiene vida en sí mismo”, y ofrece impartir gratuitamente esta vida
a las almas que están muertas en faltas y pecados. ... Sí, comparte con ellas
su pureza, su honor y excelsitud. El sarmiento exhausto, injertado en la vid
viva, se convierte en una parte de esa vida. Vive mientras permanece unido
a la vid. Así también sucede con las vidas de los cristianos, por virtud de
su unión con Cristo. El pecador y el humano se unen al santo y al divino.
El alma creyente permanece en Cristo y llega a ser una con él. Cuando las
personas se relacionan estrechamente en los tratos de esta vida, sus gustos
llegan a ser similares y llegan a amar las mismas cosas. Así también aquel que
permanezca en Cristo, amará las cosas que él ama. Obedecerá sagradamente
sus mandamientos y se gozará en ellos. ...
El sarmiento de la vid, alimentado por la cepa, florece y da fruto. Sus ricos
y fragantes racimos atestiguan su unión con la vid viva. Así el cristiano que
permanece en Jesús producirá fruto. Las preciosas gracias del espíritu—amor,
gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre, temperancia—se
manifestarán en el carácter y en la vida, tal como el abundante racimo de la
vid. ...
Decidid ser miembros de la vid viva que lleva frutos. El vástago puede
florecer únicamente cuando recibe vida y fortaleza de la cepa. Aprovechad
entonces cada oportunidad de relacionaros más estrechamente con Cristo.
Llegaréis a ser uno con él, únicamente creyendo en él, amándolo, copiándolo
y dependiendo enteramente de él; y mediante vosotros, su vida y su carácter
se revelarán al mundo.—
The Review and Herald, 11 de septiembre de 1883,
pp. 577, 578
.
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