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La Oración
La oración por sanidad tiene que ir acompañada de la
confesión de los pecados
A quienes solicitan que se ore para que les sea devuelta la salud,
hay que hacerles ver que la violación de la ley de Dios, natural o
espiritual, es pecado, y que para recibir la bendición de Dios deben
confesar y aborrecer sus pecados.
La Escritura nos dice: “Confesaos vuestras faltas unos a otros, y
rogad los unos por los otros, para que seáis sanos”.
Santiago 5:16
.
Al que solicita que se ore por él, dígasele más o menos lo siguiente:
“No podemos leer en el corazón, ni conocer los secretos de tu vida.
Dios solo y tú los conocéis. Si te arrepientes de tus pecados, deber
tuyo es confesarlos”.—
El Ministerio de Curación, 174
.
En la oración por los enfermos hemos de evitar la presunción y
el fanatismo
He visto muchas veces que al orar por los enfermos se llevan
las cosas a un extremo, por eso he sentido que esa parte de nuestra
experiencia requiere mucho pensamiento sólido y santificado, para
que no hagamos cosas que podríamos llamar fe, pero que realmente
no son nada más que presunción. Las personas agobiadas por la
aflicción necesitan ser aconsejadas sabiamente, para que actúen con
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discreción; y mientras se colocan ante Dios para que se ore por ellas
a fin de que sean sanadas, no deben adoptar la posición de que los
métodos de restauración de la salud de acuerdo con las leyes de la
naturaleza tienen que ser descuidados.
Si suponen que al orar por la sanidad no deben usar los remedios
sencillos provistos por Dios para aliviar el dolor y ayudar a la natu-
raleza en su obra, por temor a que eso signifique una negación de
la fe, están adoptando una posición que no es sabia. Eso no es una
negación de la fe, sino que está en estricta armonía con los planes de
Dios. Cuando Ezequías estuvo enfermo, el profeta de Dios le llevó
un mensaje según el cual debía morir. Él clamó a Dios, y el Señor
oyó a su siervo y realizó un milagro por medio de él, y le dio un
mensaje al rey diciéndole que se habían añadido quince años más a
su vida. Una sola palabra pronunciada por Dios, un solo toque de
su dedo divino, habría sido suficiente para sanar instantáneamente