Página 572 - Historia de los Patriarcas y Profetas (1954)

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Capítulo 59—El primer rey de Israel
Este capítulo está basado en 1 Samuel 8 a 7.
El gobierno de Israel era administrado en el nombre y por la
autoridad de Dios. La obra de Moisés, de los setenta ancianos, de
los jefes y de los jueces consistía simplemente en hacer cumplir
las leyes que Dios les había dado; no tenían autoridad alguna para
legislar para la nación. Esta era y continuaba siendo la condición
impuesta para la existencia de Israel como nación. De siglo en siglo
se suscitaron hombres inspirados por Dios para que instruyeran al
pueblo, y para que dirigieran la ejecución de las leyes.
El Señor previó que Israel desearía un rey, pero no consintió en
cambiar en manera alguna los principios en que se había fundado el
estado. El rey había de ser el vicegerente del Altísimo. Dios había
de ser reconocido como cabeza de la nación, y su ley debía aplicarse
como ley suprema del país. (
Véase el Apéndice, nota 11.
)
Cuando los israelitas se establecieron en Canaán, reconocían
los principios de la teocracia, y la nación prosperó mucho bajo el
gobierno de Josué. Pero el aumento de la población y las relaciones
con otras naciones no tardaron en producir un cambio. El pueblo
adoptó muchas de las costumbres de sus vecinos paganos, y así
sacrificó, en extenso grado, su carácter santo especial. Gradualmente
perdió su reverencia hacia Dios, y dejó de apreciar el honor de ser
su pueblo escogido. Atraído por la pompa y ostentación de los
monarcas paganos, se cansó de su propia sencillez. Surgieron celos
y envidias entre las tribus. Fueron éstas debilitadas por las discordias
internas; estaban constantemente expuestas a la invasión de sus
enemigos paganos, y estaban llegando a creer que para mantener su
posición entre las naciones debían unirse bajo un gobierno central
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y fuerte. Cuando dejaron de obedecer a la ley de Dios, desearon
libertarse del gobierno de su Soberano divino; se generalizó por toda
la tierra de Israel la exigencia de que se creara una monarquía.
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