Página 165 - Profetas y Reyes (1957)

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Naamán
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todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también
limpio? Y volvióse, y fuése enojado.”
El espíritu orgulloso de Naamán se rebelaba contra la idea de
hacer lo ordenado por Eliseo. Los ríos mencionados por el capitán
sirio tenían en sus orillas hermosos vergeles, y mucha gente acudía a
las orillas de esas corrientes agradables para adorar a sus ídolos. No
habría representado para el alma de Naamán una gran humillación
descender a uno de esos ríos; pero podía hallar sanidad tan sólo
si seguía las indicaciones específicas del profeta. Únicamente la
obediencia voluntaria podía darle el resultado deseado.
Los siervos de Naamán le rogaron que cumpliese las instruccio-
nes de Eliseo. Le dijeron: “Si el profeta te mandara alguna gran cosa,
¿no la hicieras? ¿cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?” Se
estaba probando la fe de Naamán, mientras que su orgullo contendía
para obtener la victoria. Por fin venció la fe, y el altanero sirio dejó
de lado el orgullo de su corazón, y se sometió a la voluntad revelada
de Jehová. Siete veces se sumergió en el Jordán, “conforme a la
palabra del varón de Dios.” El Señor honró su fe; “y su carne se
volvió como la carne de un niño, y fué limpio.”
Agradecido “volvió al varón de Dios, él y toda su compañía,”
y reconoció: “He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la
tierra, sino en Israel.”
De acuerdo con la costumbre de aquellos tiempos, Naamán pidió
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entonces a Eliseo que aceptase un regalo costoso. Pero el profeta
rehusó. No le tocaba a él recibir pago por una bendición que Dios
había concedido misericordiosamente. Dijo: “Vive Jehová, delante
del cual estoy, que no lo tomaré. E importunándole que tomase, él
nunca quiso.
“Entonces Naamán dijo: Ruégote pues, ¿no se dará a tu siervo
una carga de un par de acémilas de aquesta tierra? porque de aquí
adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni sacrificio a otros
dioses, sino a Jehová. En esto perdone Jehová a tu siervo: que
cuando mi señor entrare en el templo de Rimmón, y para adorar
en él se apoyare sobre mi mano, si yo también me inclinare en el
templo de Rimmón, si en el templo de Rimmón me inclino, Jehová
perdone en esto a tu siervo.
“Y él le dijo: Vete en paz. Partióse pues de él, y caminó como el
espacio de una milla.”