Fervor para dar la amonestación final, 29 de mayo
Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la
tierra fue alumbrada con su gloria.
Apocalipsis 18:1
.
Muchos días están pasando a la eternidad, y con ellos se nos aproxima el
tiempo de prueba. Como nunca antes, ahora debemos orar para que se nos conceda
el Espíritu Santo. También debemos esperar que su santificadora influencia actúe
en los servidores, para que la gente, a la cual ellos sirven, pueda ver que han estado
con Jesús y aprendido de él. Como fieles vigilantes, más que nunca necesitamos
percepción espiritual para anunciar el peligro a tiempo, a fin de ver a la distancia
las trampas e intenciones del enemigo. Tanto como la mente humana pueda,
debemos tener poder espiritual para captar los grandes temas del cristianismo y
cuán trascendentes son sus principios.
Cuando el pueblo de Dios se humille en su presencia, e individualmente busque
al Espíritu Santo de todo corazón, de los labios humanos se escucharán testimonios
como este que registra las Escrituras: “Después de esto vi a otro ángel descender
del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria”.
Apocalipsis
18:1
. Entonces se verán rostros fulgurantes gracias al amor de Dios, y habrá labios
que, al ser tocados con fuego santo, dirán: “La sangre de Jesucristo nos limpia de
todo pecado”.
1 Juan 1:7
.
Los que se encuentran bajo la influencia del Espíritu Santo no serán fanáticos;
en cambio, habrá en ellos serenidad, determinación y estarán libres de cometer
disparates. Todos los que en su manera de ser brillen con la luz de la verdad, serán
prudentes en la forma como claman por paz y seguridad. Seamos cuidadosos con
la influencia que ejercemos en este tiempo.
Jesús desea conceder a su pueblo dones en abundancia. Diariamente están
ascendiendo oraciones que reclaman el cumplimiento de la promesa. Ninguna
que haya sido expresada con fe quedará sin atención. Cristo ascendió a lo alto y
llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Después de la ascensión de
Jesús, y conforme a su promesa, el Espíritu descendió en la forma de un viento
recio que llenó el lugar donde se encontraban reunidos sus discípulos. ¿Cuál fue
el resultado?
Miles se convirtieron en un día. Se nos ha enseñado que debemos esperar a
un ángel que descenderá del cielo, y que la tierra será iluminada con su gloria.
Entonces contemplaremos la cosecha de creyentes semejante a la que hubo en
Pentecostés.—
The Home Missionary, Extra No 2, 1 de noviembre de 1893
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