Página 244 - Testimonios Acerca de Conducta Sexual, Adulterio y Divorcio (1993)

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Capítulo 42—Comprendamos a los demás
Luchas producidas por el remordimiento
—Cuando el que ha
cometido una falta se da cuenta de su error, guardémonos de destruir
su estima propia. No lo desalentemos con nuestra indiferencia o
desconfianza. No digamos: “Antes de depositar en él mi confian-
za, voy a esperar para ver si permanece firme”. Muchas veces es
precisamente esta desconfianza la que hace tropezar al tentado.
Deberíamos tratar de comprender la flaqueza de los demás. Poco
sabemos de las pruebas que soporta el corazón de los que han estado
encadenados en las tinieblas, y a quienes faltan resolución y fuerza
moral. Por demás de lamentar es la condición del que sufre remordi-
miento; está como quien, aturdido y tambaleante, se hundiese en el
polvo. No puede ver nada con claridad. Tiene el espíritu nublado, no
sabe qué pasos dar. Muchos viven sin que nadie los entienda ni los
aprecie, llenos de desesperación y de angustia; como pobres ovejas
perdidas y descarriadas. No pueden encontrar a Dios, y sin embargo,
tienen ansias intensas de obtener perdón y paz.
Influencias poderosas para el mal
—¡Ah, no les digamos una
sola palabra que ahonde su dolor! Al que se siente apesadumbrado
por una vida de pecado, pero que no sabe dónde encontrar alivio,
presentémosle al Salvador compasivo. Tomémoslo de la mano, le-
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vantémoslo, digámosle palabras de aliento y esperanza. Ayudémoslo
a asirse de la mano del Salvador...
Debemos ponernos en el lugar de los tentados. Consideremos
la fuerza de la herencia, la influencia de las malas compañías, el
poder de los malos hábitos. ¿Qué tiene de extraño que bajo seme-
jantes influencias muchos se degraden? ¿Debe sorprendernos que
no se apresuren a corresponder a los esfuerzos que se hacen para
levantarlos?—
El Ministerio de Curación, 125, 126
.
Tierna simpatía
—¡Oh, que amor maravilloso el que ha hecho
posible que Dios, el Dios infinito, nos haya concedido el privilegio
de acercarnos a él con el cariñoso nombre de “Padre”! Ningún padre
terrenal podría suplicar más seriamente por un hijo que ha cometido
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