Página 179 - Testimonios para los Ministros (1979)

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Colaboradores de Dios
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en nuestro mundo, y ha colocado en las manos de los hombres,
una abundancia de recursos con los cuales recibirían alimento los
hambrientos, vestido los desnudos y un techo quienes no lo tienen.
El Señor induciría a hombres mundanos, aun idólatras, a dar de su
abundancia para el sostén de la obra si nos acercáramos a ellos con
sabiduría y les diéramos la oportunidad de hacer aquello que tienen
el privilegio de realizar. Nosotros tendríamos el privilegio de recibir
lo que ellos podrían dar.
Debiéramos relacionarnos con los potentados, y ejerciendo la
sabiduría de la serpiente y la sencillez de la paloma, recibiríamos sus
favores porque Dios los induciría a hacer muchas cosas en beneficio
de su pueblo. Si las personas indicadas les presentaran en forma
adecuada a los que tienen medios e influencia las necesidades de la
obra de Dios, estos hombres podrían hacer mucho para el progreso
de la causa de Dios en nuestro mundo. Nos hemos privado de pri-
vilegios y ventajas cuyo beneficio podríamos haber tenido porque
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escogimos subsistir independientes del mundo. Pero no necesitamos
sacrificar un solo principio de la verdad al paso que aprovechamos
toda oportunidad que se nos presenta para hacer progresar la causa
de Dios.
El Señor quiere que su pueblo esté en el mundo, pero que no
sea del mundo. Sus hijos deben tratar de presentar la verdad a las
personas encumbradas para que tengan la oportunidad de recibir y
pesar las evidencias. Hay muchos que no tienen luz ni información,
y como individuos tenemos una obra seria, solemne y sabia que
realizar. Hemos de sentir aflicción de alma por los que se hallan en
puestos encumbrados, e ir a ellos con la generosa invitación para
asistir a la fiesta de bodas. Podría haberse hecho mucho más de
lo que se hizo hasta ahora por estas personas. El último mensaje
que Cristo dio a sus discípulos antes que fuera quitado de ellos y
arrebatado al cielo, fue el mandato de llevar el Evangelio por todo
el mundo, acompañado por la promesa del Espíritu Santo. El Señor
dijo: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el
Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en
Samaria, y hasta lo último de la tierra”.
“De Jehová es la tierra y su plenitud”. “Mía es la plata, y mío es
el oro, dice Jehová de los ejércitos”. “Porque mía es toda bestia del
bosque, y los millares de animales en los collados. Conozco a todas