Página 410 - Testimonios para los Ministros (1979)

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Testimonios para los Ministros
La ayuda humana es débil. Pero podemos unirnos para buscar
ayuda y gracia de Aquel que ha dicho: “Pedid, y se os dará; buscad,
y hallaréis; llamad, y se os abrirá”. El poder divino es infalible.
Vayamos entonces a Dios, implorando la dirección de su Espíritu
Santo. Asciendan unidas nuestras oraciones al trono de la gracia.
Mezclemos nuestros ruegos con alabanza y expresiones de gratitud.
Responsabilidad individual
Cristo, nuestro Abogado ante el Padre, sabe cómo simpatizar con
cada alma. A los que lo reciben como Salvador, les da poder para
ser hijos e hijas de Dios. Su vida de perfecta libertad del pecado nos
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ha preparado el camino; por medio de él se manifiesta la entrada al
lugar santísimo.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna”. “El que recibe su testimonio, éste atestigua
que Dios es veraz. Porque el que Dios envió, las palabras de Dios
habla; pues Dios no da el Espíritu por medida. El padre ama al Hijo,
y todas las cosas ha entregado en su mano. El que cree en el Hijo
tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida,
sino que la ira de Dios está sobre él”.
Todos los que desempeñan una parte en la obra de Jesucristo
necesitan una gran medida de educación religiosa. Han de ser co-
laboradores de Dios, empeñados en una obra sagrada y solemne.
Todos deben tener una experiencia personal como alumnos del gran
Maestro: Una comunión individual con Dios. Tiene que impartirse
nueva vida, y esa vida debe ser alimentada por el Espíritu Santo.
Cuando haya una unión espiritual con el Señor Jesús, él moverá e
impresionará el corazón. El será el guía, y se desarrollará en la vida
una creciente comunión con Cristo.
Jesús es nuestra única esperanza. Podemos contemplarlo: Es
nuestro Salvador. Podemos confiar en su palabra y depender de él.
Sabe exactamente qué clase de ayuda necesitamos, y podemos con-
fiar seguramente en él. Si dependemos únicamente de la sabiduría
humana para conducirnos, nos hallaremos en el bando de los per-
dedores. Pero podemos acudir directamente al Señor Jesús, pues él
ha dicho: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y