Página 113 - La Temperancia (1976)

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Capítulo 2—La conversión, el secreto de la victoria
Consentir es pecado
—La complacencia del apetito antinatural,
ya sea por el té, el café, el tabaco o el alcohol, es intemperancia,
y se halla en guerra contra las leyes de la vida y la salud. Usan-
do estos artículos prohibidos, se crea una condición en el sistema,
que el Creador nunca se propuso que hubiera. Esta indulgencia en
cualquiera de los miembros de la familia humana es pecado. ... El
sufrimiento, la enfermedad y la muerte, son la penalidad segura de
la indulgencia.—
El Evangelismo, 198
.
Cuando el Espíritu Santo trabaja entre nosotros
—La prime-
ra y más importante cosa es ablandar y subyugar el alma presentando
a nuestro Señor Jesucristo como el Portador del pecado, el Salvador
que perdona el pecado, haciendo el Evangelio tan claro como sea
posible. Cuando el Espíritu Santo trabaja entre nosotros, ... se con-
vencen las almas que no están listas para la aparición de Cristo. ...
Los adictos al tabaco sacrifican su ídolo y el bebedor su alcohol. No
podrían hacer esto si no captaran por la fe las promesas de Dios para
el perdón de sus pecados.—
Evangelism, 264
.
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La gran necesidad del hombre
—Cristo dio su vida para com-
prar la redención para el pecador. El Redentor del mundo sabía
que la complacencia del apetito estaba trayendo flaqueza física y
amortiguando las facultades perceptivas, de manera que no pudiesen
discernirse las cosas sagradas y eternas. Sabía que la complacen-
cia propia estaba pervirtiendo las facultades morales, y que la gran
necesidad del hombre era la conversión del corazón, la mente y el
alma de la vida de complacencia propia a una vida de abnegación y
sacrificio.—
Medical Ministry, 264
.
El hombre fracasará con su propia fuerza
—El hábito del ta-
baco ... ofusca muchísimas mentes. ¿Por qué no renuncia Ud. a este
hábito? ¿Por qué no se levanta y dice: No serviré más al pecado y
al diablo? Diga: Abandonaré esta hierba venenosa. Nunca podrá
hacerlo por su propia fuerza. Cristo dice: “Yo estoy a tu diestra para
ayudarte”.—
Manuscrito 9, 1893
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