Página 475 - Joyas de los Testimonios 2 (2004)

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El cuidado de los huérfano
Entre todos aquellos cuyas necesidades requieren nuestro interés,
las viudas y los huérfanos tienen el mayor derecho a nuestra tierna
simpatía. Son objeto del cuidado especial del Señor. Dios los confía
a los cristianos. “La religión pura y sin mácula delante de Dios y
Padre es ésta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones,
y guardarse sin mancha de este mundo.”
Santiago 1:27
.
Más de un padre que murió en la fe, confiado en la eterna pro-
mesa de Dios, dejó a sus amados en la plena seguridad de que el
Señor los cuidaría. Y ¿cómo provee el Señor para estos enlutados?
No realiza un milagro enviando maná del cielo; no manda cuervos
que les lleven alimento; sino que realiza un milagro en los corazones
humanos, expulsando el egoísmo del alma y abriendo las fuentes
de la benevolencia. Prueba el amor de quienes profesan seguirle,
confiando a sus tiernas misericordias a los afligidos y a los enlutados.
Deben ser cuidados en las familias
Que aquellos que aman al Señor abran su corazón y sus hogares
para recibir a estos niños. No es el mejor plan cuidar a los huér-
fanos en grandes instituciones. Si no tienen parientes que puedan
sostenerlos, los miembros de nuestras iglesias deben adoptar a estos
pequeñuelos en sus familias o hallar hogares apropiados para ellos
en otras casas.
Estos niños son en un sentido especial seres a quienes Cristo mi-
ra, y dejarlos en el descuido es ofenderlo a él. Todo acto bondadoso
hecho a ellos en el nombre de Jesús es aceptado por él como hecho
a sí mismo.
Los que de alguna manera los privan de los recursos que debie-
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ran tener, los que consideran con indiferencia sus necesidades, serán
castigados por el Juez de toda la tierra. “¿Y Dios no hará justicia a
sus escogidos, que claman a él día y noche, aunque sea longánime
Testimonios para la Iglesia 6:281-287 (1900)
.
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