Página 516 - Joyas de los Testimonios 2 (2004)

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Joyas de los Testimonios 2
nes de la escuela diaria. Debieran aprenderlas mejor, pues tratan
de temas infinitamente más importantes. La negligencia al respecto
desagrada a Dios
El objeto de la escuela sabática no debe perderse de vista en los
arreglos mecánicos ni debe ocuparse en ellos tiempo que debiera de-
dicarse a otros asuntos importantes. Debemos precavernos siempre
contra las formas y ceremonias que eclipsarán el verdadero objeto
por el cual trabajamos. Existe el peligro de sistematizar las cosas
a tal extremo que la escuela sabática producirá cansancio, cuando
debiera ser un descanso, un refrigerio y una bendición.
La recepción de las ofrendas misioneras semanales
La pureza y la sencillez de la escuela sabática no deben desapare-
cer bajo una variedad tan infinita de formas, que no se pueda dedicar
suficiente tiempo a los intereses religiosos. La belleza y el éxito
de la escuela residen en su sencillez y el fervor por servir a Dios.
Nada puede hacerse sin orden y reglamentación, pero estas cosas
pueden llegar a eliminar deberes mayores y más importantes. Debe
decirse menos a los alumnos acerca de los preliminares externos y
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el sistema, y mucho más acerca de la salvación de su alma. Tal debe
ser el principio directivo de la escuela
Lo que se necesita mucho en la escuela sabática no es maquina-
ria, sino un conocimiento de las cosas espirituales. ¡Cuán grande-
mente necesitan los obreros ser bautizados del Espíritu Santo, a fin
de llegar a ser verdaderos misioneros para Dios
Damos gracias a Dios porque nuestras escuelas sabáticas han
contribuído bastante a hacer progresar muchas empresas precio-
sas. Los niños y los jóvenes han dado sus monedas, las que como
arroyuelos, han proporcionado un caudal de beneficencia. Se debe
educar a los niños de tal manera que realicen actos abnegados, y al
verlo el cielo se regocijará. Cuando tienen aún sobre sí el rocío de la
juventud, debe adiestrarse a los niños para que sirvan a Cristo. Se
les debe enseñar a ser abnegados.
Ibid. 117, 118
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Ibid. 151
.
Ibid. 155
.