Página 123 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 6 (2004)

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La parábola de la oveja perdida
La parábola de la oveja extraviada debiera ser atesorada como
lema en toda familia. El divino Pastor deja las noventa y nueve, y
sale al desierto en busca de la perdida. Hay matorrales, pantanos y
grietas peligrosas en las rocas, y el Pastor sabe que si la oveja está
en alguno de esos lugares, una mano amistosa debe ayudarle a salir.
Mientras oye su balido lejano, hace frente a cualquier dificultad para
salvar a su oveja perdida. Cuando la descubre, no la abruma con
reproches. Se alegra de encontrarla viva. Con mano firme, aunque
suave, aparta las espinas, o la saca del barro; la alza tiernamente
sobre sus hombros, y la lleva de vuelta al aprisco. El Redentor puro
y sin pecado, lleva al ser pecaminoso e inmundo.
El que expía los pecados lleva la oveja contaminada; pero es
tan preciosa su carga que se regocija, cantando: “Gozaos conmigo,
porque he encontrado mi oveja que se había perdido”.
Lucas 15:6
.
Considere cada uno de vosotros que su propia persona ha sido
llevada sobre los hombros de Cristo. No albergue nadie un espíritu
dominador, de justicia propia y criticón; porque ni una sola oveja
habría entrado en el aprisco si el Pastor no hubiera emprendido
la penosa búsqueda en el desierto. El hecho de que una oveja se
había perdido bastaba para despertar la simpatía del Pastor, y hacerle
emprender su búsqueda.
* * * * *
Este mundo diminuto fue escena de la encarnación y el sufri-
miento del Hijo de Dios. Cristo no fue a los mundos que no habían
caído, sino que vino a este pobre mundo, todo mancillado y arrui-
nado por la maldición. La perspectiva no era favorable, sino muy
desalentadora. Sin embargo, “no se cansará, ni desmayará, hasta que
establezca en la tierra justicia”.
Isaías 42:4
. Debemos tener presente
el gran gozo manifestado por el Pastor al recobrar la oveja perdida.
Llama a sus vecinos, y dice: “Dadme el parabién, porque he hallado
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