Página 332 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 6 (2004)

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Testimonios para la Iglesia, Tomo 6
hacer para preparar el pan enviado por el cielo a los hijos de Israel.
El Señor les dijo que esta obra debía hacerse en viernes, día de
preparación. Esto era una prueba para ellos. Dios deseaba ver si
querían santificar el sábado o no.
Estas indicaciones de los labios de Jehová son para nuestra ins-
trucción. La Biblia es una guía perfecta, y si se estudian sus páginas
con oración y corazón dispuesto a comprender, nadie necesita errar
acerca de esta cuestión.
Muchos necesitan instrucción en cuanto a cómo deben presen-
tarse en la asamblea para adorar en sábado. No han de entrar en la
presencia de Dios con las ropas que llevan comúnmente durante la
semana. Todos deben tener un traje especial para el sábado, para lle-
varlo cuando asistan al culto en la casa de Dios. Aunque no debemos
conformarnos a las modas mundanales, no debemos ser indiferentes
acerca de nuestra apariencia exterior. Debemos ser aseados y estar
bien arreglados, aunque sin adornos. Los hijos de Dios deben ser
limpios en su interior y exterior.
Termínense el viernes los preparativos para el sábado. Cuidad de
que toda la ropa esté lista y que se haya cocinado todo lo que debe
cocinarse, que se hayan lustrado los zapatos y tomado los baños. Es
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posible lograr esto. Si lo establecéis como regla, podéis hacerlo. El
sábado no debe destinarse a reparar ropas, a cocinar alimentos, a los
placeres, o a otra ocupación mundanal. Antes de que se ponga el
sol, debe ponerse a un lado todo trabajo secular, y guardarse fuera
de la vista todos lss revistas seculares. Padres, explicad a vuestros
hijos lo que hacéis y os proponéis, y dejadlos participar en vuestra
preparación para guardar el sábado según el mandamiento.
Debemos cuidar celosamente los extremos del sábado. Recorde-
mos que cada momento del mismo es un tiempo santo y consagrado.
Siempre que se pueda los patrones deben dejar en libertad a sus
obreros desde el viernes al medio día hasta el principio del sábado.
Dadles tiempo para la preparación, a fin de que puedan dar la bien-
venida al día del Señor con espíritu tranquilo. Una conducta tal no
os infligirá pérdidas, ni aun en las cosas temporales.
Hay otra obra que debe recibir atención en el día de preparación.
En ese día deben ponerse a un lado todas las divergencias entre her-
manos, ora sea en la familia o en la iglesia. Expúlsese del alma toda
amargura, ira y malicia. Con espíritu humilde, “confesaos vuestras