Página 362 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 6 (2004)

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Testimonios para la Iglesia, Tomo 6
no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros
bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros
al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra; ni vuestra vid en
el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos”.
vers. 10-12
.
Con estas palabras de luz y verdad delante de sí, ¿cómo se atreven
los hombres a descuidar un deber tan claro? ¿Cómo se atreven
a desobedecer a Dios cuando la obediencia a sus requerimientos
significa que los bendecirá tanto en las cosas temporales como en
las espirituales, y la desobediencia significa recibir su maldición?
Satanás es el destructor. Dios no puede bendecir a los que se niegan
a ser sus mayordomos fieles. Todo lo que puede hacer es permitir
a Satanás que realice su obra destructora. Vemos que vienen sobre
la tierra calamidades de toda clase y de todo grado; ¿y por qué? El
poder restrictivo del Señor no se hace sentir. El mundo despreció
Palabra de Dios. Vive como si no hubiese Dios. Como los habitantes
del mundo en el tiempo de Noé, se niegan a pensar en Dios. La
perversidad prevalece en un grado alarmante, y la tierra está madura
para la siega.
Los que se quejan
“Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice Jehová. Y
dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? Habéis dicho: Por demás es
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servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos
afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos? Decimos, pues,
ahora: Bienaventurados los soberbios, y los que hacen impiedad no
sólo son los prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon”.
vers. 13-15
. Así se quejan los que retienen lo que pertenece a Dios.
El Señor les dice que le prueben trayendo sus diezmos al alfolí, para
ver si no derramará sobre ellos bendición. Pero albergan la rebelión
en su corazón y se quejan de Dios; al mismo tiempo que le roban y
disipan sus bienes. Cuando su pecado les es presentado, dicen: He
tenido adversidades; mis cosechas han sido pocas; pero los malos
prosperan. No vale la pena guardar el mandato del Señor.
Dios no quiere que nadie ande lamentándose delante de él. Los
que así se quejan de Dios han atraído la adversidad sobre sí mismos.
Robaron a Dios, y su causa se vio estorbada porque el dinero que
debería haber afluido a su tesorería se dedicó a fines egoístas. Fueron