Página 437 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 6 (2004)

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La ayuda a nuestras escuelas
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Dios nos llama a la acción, para que nuestras instituciones edu-
cativas puedan estar libres de deuda. Permitamos que el plan de Dios
se realice de acuerdo con lo que él disponga.
El presente constituye una oportunidad que no podemos darnos el
lujo de perder. Convocamos a nuestro pueblo para ayudar al máximo
de su capacidad precisamente ahora. Los convocamos para hacer
una obra que agradará a Dios al comprar el libro. Pedimos que se use
todo medio disponible para ayudar a su circulación. Pedimos a los
presidentes de nuestras Asociaciones que consideren cómo pueden
promover esta empresa. Pedimos a nuestros ministros, cuando visitan
las iglesias, que animen a hombres y mujeres a salir como colportores
y a avanzar decididamente en la senda de la abnegación dando una
parte de sus ganancias para ayudar a nuestras escuelas.
Se necesita un movimiento general, y esto debe comenzar con
movimientos individuales. En cada iglesia, que cada miembro de
cada familia, haga esfuerzos decididos para negarse al yo y para
contribuir a que la obra avance. Que los niños tengan una parte. Que
todos cooperen. Hagamos lo mejor en este momento para presentar
a Dios nuestra ofrenda, para llevar a cabo su voluntad estipulada, y
así hacer de ello una ocasión para testificar por él y su verdad en un
mundo de tinieblas. La lámpara está en nuestras manos. Permitamos
que su luz resplandezca con gran brillo.
Jóvenes que pensáis entrar en el ministerio, abrazad esta obra. El
uso del libro colocado en vuestras manos por el Señor debe ser vues-
tro agente educador. Al aprovechar esta oportunidad, ciertamente
progresaréis en un conocimiento de Dios y de los mejores métodos
para alcanzar a la gente.
El Señor llama a jóvenes de ambos sexos a entrar en su servicio.
Los jóvenes son receptivos, vigorosos, ardientes, optimistas. Una vez
que hayan saboreado la bendición del sacrificio personal, no estarán
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satisfechos a menos que estén aprendiendo constantemente del gran
Maestro. El Señor abrirá caminos ante aquellos que respondan a su
llamado. Traigan al trabajo un deseo ferviente de aprender a llevar
responsabilidades. Con brazos fuertes y corazones valientes vayan
al conflicto en el cual todos deben entrar, un conflicto que se volverá
cada vez más severo a medida que nos acerquemos a la lucha final.