Página 70 - Testimonios para la Iglesia, Tomo 6 (2004)

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Testimonios para la Iglesia, Tomo 6
El valor infinito del sacrificio requerido para nuestra redención
revela el hecho de que el pecado es un mal muy grande. Dios pudo
haber borrado esta vil mancha de su creación, haciendo desaparecer
al pecador de la faz de la tierra. Pero, “de tal manera amó Dios al
mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que
en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Juan 3:16
. ¿Por qué
no todos los que afirman que aman a Dios tratan de iluminar a sus
vecinos y asociados, para que no descuiden más esta gran salvación?
Cristo se entregó a sí mismo a una muerte vergonzosa y con
horribles sufrimientos, y experimentó increíble tormento, para salvar
al perdido. ¡Oh, Cristo puede, Cristo desea, Cristo anhela salvar a
todos los que acudan a él! Hablad a la gente que corre peligro y
procurad que contemple a Jesús sobre la cruz, agonizando para hacer
posible el perdón. Hablad al pecador con vuestro propio corazón
rebosando con el tierno y compasivo amor de Cristo. Manifestad
profundo anhelo; pero el que trata de lograr que el alma mire y viva,
no debiera manifestar ninguna muestra de impaciencia ni aspereza.
Primero consagrad vuestra propia alma a Dios. Al contemplar a
nuestro Intercesor en el cielo, que vuestro corazón se enternezca. De
esa manera, suavizados y subyugados, podréis hablar a los pecadores
arrepentidos como alguien que comprende la verdadera naturaleza
del poder del amor redentor. Orad con estas almas y llevadlas por fe
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al pie de la cruz; elevad sus mentes con las vuestras, y fijad el ojo de
la fe en Jesús, el Vencedor del pecado. Inducidlos a apartar su vista
de su pobre y pecaminoso yo, para dirigirla hacia el Salvador, y así
ganaréis la victoria. Ellos contemplan personalmente al Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo. Ven el Camino, la Verdad y la
Vida. El Sol de Justicia esparce sus brillantes rayos que iluminan
el corazón. Las fuertes corrientes de amor redentor se vierten en el
alma agotada y sedienta, y el pecador es ganado para Cristo Jesús.
Cristo crucificado: habla de él, invócalo, cántale, porque eso
quebrantará y ganará los corazones. Este es el poder y sabiduría de
Dios para cosechar las almas para Cristo. Las expresiones formales,
arregladas, y la presentación de temas argumentativos logran muy
poco. El amor enternecedor de Dios que inunda el corazón de los
obreros será reconocido por las personas de quienes se ocupan.
Las almas están sedientas de las aguas de vida. No seáis cisternas