Página 392 - Consejos para los Maestros (1971)

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Consejos para los Maestros
para la instrucción especial de los jóvenes que, por una convicción
clara, se sientan en el deber de obtener una educación médica que les
permita pasar los exámenes que la ley exige a todos los que ejercen
como médicos regulares, debemos proveer lo que sea necesario,
a fin de que estos jóvenes no necesiten verse obligados a ir a las
escuelas de medicina dirigidas por hombres que no son de nuestra
fe. Así cerraremos una puerta que el enemigo quisiera ver abierta;
y nuestros jóvenes, cuyos intereses espirituales el Señor desea que
salvaguardemos, no se verán obligados a relacionarse con incrédulos
a fin de obtener una cabal preparación médica.
Los profesores de nuestra facultad de medicina deben estimular
a los alumnos a obtener todo el conocimiento que puedan en cada
departamento. Si hallan alumnos deficientes en el cuidado y en la
comprensión de sus responsabilidades, deben presentarles el asunto
claramente, dándoles oportunidad de corregir sus hábitos y alcanzar
una norma más alta.
Los profesores no deben desalentarse porque algunos sean tardos
en aprender; ni tampoco los alumnos cuando cometen errores. Mien-
tras se les señalan bondadosamente sus errores y defectos, deben
sentir agradecimiento por cualquier instrucción que se les dé. No hay
que estimular un espíritu altanero de parte de los alumnos. Todos
tienen que estar dispuestos a aprender, y los profesores a instruirlos,
y a enseñarles a tener confianza propia, a ser competentes, cuida-
dosos y esmerados. Mientras estudian bajo instructores sabios, y
comparten con ellos sus responsabilidades, los estudiantes pueden,
con la ayuda de los profesores, ascender al peldaño más alto de la
escalera.
Los alumnos deben estar dispuestos a trabajar bajo los que tie-
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nen experiencia, escuchar sus sugestiones y consejos, para seguirlas
hasta donde sea posible con reflexión, preparación e inteligencia
emprendedora; pero nunca deben violar un reglamento o despreciar
un principio que ha sido entretejido con la edificación de la institu-
ción. El descenso es bastante fácil; el desprecio de los reglamentos
es natural para el corazón inclinado a la comodidad y complacencia
egoísta. Es mucho más fácil derribar que edificar. Un alumno negli-
gente puede hacer más para rebajar las normas que diez hombres con
todo su esfuerzo para contrarrestar la influencia desmoralizadora.