Página 18 - Hijas de Dios (2008)

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Hijas de Dios
que ha sido gastado en adornos y ornamentos innecesarios, debiera
haber sido dedicado a la causa de Dios para traer la luz de la verdad
a aquellos que están en las tinieblas del error. Las almas salvadas
mediante esos medios serán más preciosas que cualquier vestido
costoso y a la moda. El vestido blanco y las joyas en la corona que
Cristo les dará como recompensa por su consagrada dedicación a la
salvación de las almas, serán más valiosos que los adornos innecesa-
rios. Las estrellas de su corona brillarán para siempre y pagarán mil
veces el sacrificio y el renunciamiento que han manifestado por la
causa de Dios.
Se necesitan mujeres de principios firmes y carácter decidido;
mujeres que en verdad crean que estamos viviendo en los últimos
días y que tenemos un mensaje solemne de amonestación para dar al
mundo; mujeres dispuestas a comprometerse en la importante tarea
de esparcir los rayos de luz que el cielo ha derramado sobre ellas.
Cuando el amor de Dios y su verdad sean un principio permanente en
sus vidas, no permitirán que nada pueda distraerlas o desanimarlas de
su obra. En el temor de Dios, no serán apartadas de las labores en su
causa por la tentación de actividades o situaciones más lucrativas o
atractivas. Preservarán su integridad a cualquier costo. Estas mujeres
representarán correctamente la religión de Cristo, y sus palabras
serán como manzanas de oro con figuras de plata. Las tales pueden
llevar a cabo una extraordinaria labor para Dios de muchas formas.
Él las llama a ir al campo y cosechar las gavillas.
La mujer cristiana inteligente puede usar sus talentos para alcan-
zar los más altos ideales. Por su actitud de renunciamiento y por su
voluntad de servir al máximo de su capacidad, mostrará que cree en
la verdad y ha sido santificada por ella. Muchas mujeres necesitan
esta clase de tarea para mostrar su potencial. Las que son esposas y
madres no deben descuidar a sus esposos y a sus hijos, pero pueden
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hacer mucho sin dejar de lado sus labores domésticas. Y hay muchas
que no tienen estas responsabilidades.
¿Quién puede tener un amor más profundo por las almas de
hombres y mujeres por quienes Cristo murió que aquellos que son
participantes de su gracia? ¿Quién puede representar mejor la re-
ligión de Cristo que las mujeres cristianas que están trabajando
fervorosamente para traer almas a la luz de la verdad? ¿Quién está
mejor adaptado para la obra de la Escuela Sabática? La verdadera