Página 244 - El Ministerio M

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Preparación para la eternidad
Haced de vuestra vida una preparación para la eternidad. No
tenéis ni un momento que perder. ¿Guardáis los mandamientos de
Dios? ¿Teméis ofenderle? ¿Sentís vuestra dependencia de Cristo?
¿Sois conscientes de que debéis ser guardados en todo momento por
su poder? ¿Está llena vuestra vida de sumisión, contentamiento y
gratitud?
Los obreros médicos misioneros son reconocidos por Cristo,
no porque llevan el nombre que ostentan sino porque están bajo el
cuidado protector del Misionero jefe, quien dejó el cielo para dar
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su vida por la vida del mundo. Él dice: “Si me amáis, guardad mis
mandamientos... El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése
es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo
le amaré, y me manifestará a él”.
Entonces, como testigos de Dios, dad señal de que estáis bajo la
disciplina y la enseñanza del Gran Médico misionero; que os habéis
colocado en sus manos para manifestar su Espíritu, para mostrar
al mundo el carácter sagrado de su gran obra y para revelar a los
incrédulos la ventaja de estar bajo su protección.
Un médico misionero no es de valor a la causa de Dios a menos
que en su vida se hayan desarrollado todos los principios implícitos
en el nombre que lleva. El evangelio de Cristo debe estar entretejido
en su vida diaria. Debemos hacer de nuestra vida en este mundo
un ejemplo, hasta donde nos sea posible, de lo que será la vida en
el cielo. Cristo espera esto de todos los que afirman ser médicos
misioneros. Ellos no deben dar cabida a un solo principio que esté
contaminado de egoísmo. Deben presentarse ante el mundo como
seguidores de Cristo, participantes de su abnegación y humillación,
proclamando su venida.—
Carta 63, 1903
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