Página 271 - El Ministerio M

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Una apelación a ejercer más simpatía
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la esfera de su especialidad. Usted puede alcanzar una alta norma en
el ejercicio de su profesión.
El error de pensar en asuntos desagradables
Por favor, se lo ruego, no culpe a otros. Usted ha meditado acerca
de asuntos desagradables por demasiado tiempo. Hay muchas cosas
que no interpreta correctamente. Ahora, cese de pensar en cosas
desagradables; deje de hablar de ellas; fije su mente en Jesús, su
Ayudador, y trabaje con fe y confianza. Al disciplinarse, tendrá mejor
éxito del que ha tenido hasta ahora...
Un médico necesita una comunión diaria con Dios, para que sea
un canal constante de luz para sus pacientes. Debe ser un imitador del
Señor Jesucristo. Mientras se relaciona diariamente con la muerte al
trabajar por los que están al borde de la tumba, necesita una provisión
constante de la gracia de Dios, pues existe el peligro de que se haga
indiferente ante las realidades eternas. Su única seguridad consiste
en mantener al Señor siempre delante de sí, que su mente esté de
continuo bajo la influencia del Espíritu de Dios.
Cortesía y delicadeza cristianas
El médico debe estar regido por un estricto sentido de la co-
rrección en su conducta en todo tiempo y en toda ocasión. Hablo
claramente, porque sé que es mi deber hacerlo. Usted nunca será
demasiado decoroso en sus palabras ni excesivamente recatado al
examinar a sus pacientes. La rudeza o la falta de delicadeza en el
cuarto de operaciones, o al lado del lecho del enfermo es un pecado
a la vista de Dios; y en la mente de los pacientes, dirá mucho contra
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el médico. A menos que abrigue constantemente un sentido estric-
to de la conducta honorable, ofenderá torpemente a los pacientes
sensibles, modestos y refinados.
Más que todas las demás personas que ocupan posiciones de
responsabilidad, el médico necesita mantenerse siempre unido con
Dios, y ser enseñado por él constantemente; de lo contrario, existe el
peligro de que, bajo la tentación, sea infiel, rudo y libertino. Necesita
practicar una religión pura e inmaculada. Y sus asistentes deben ser
prudentes y sosegados, personas que teman a Dios. Uno está seguro