Página 434 - El Ministerio M

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El trabajo en favor de los ricos
Los que ejerciten la habilidad que Dios les ha dado para que
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trabajen por la conversión a la verdad de la clase intelectual, refinada,
y rica absorta en el mundo, están haciendo una obra buena y esencial.
Muchos la consideran una clase sin esperanza, y hacen poco para
abrir los ojos de quienes, enceguecidos y deslumbrados por el poder
de Satanás, han dejado la eternidad fuera de sus cuentas. Pero aquí
hay un campo de labor que no debe descuidarse. Estas personas
son mayordomos a quienes Dios ha confiado responsabilidades
importantes. Debemos acercarnos a esta clase, pues sé que muchos
de sus miembros son almas agobiadas; andan en busca de algo, pero
no saben lo que es.
Si son salvos por Jesucristo, serán agentes útiles en las manos de
Dios para comunicar la verdad a otros. Si se convierten a la verdad,
sentirán una responsabilidad especial por llevar a otras almas de esta
clase abandonada hacia la verdad. Sentirán que se les ha confiado a
ellos una dispensación del evangelio en favor de los que hacen del
mundo su dios. Necesitan el adiestramiento que el Espíritu Santo de
Dios les puede dar, y los que tienen un conocimiento experimental
de la verdad están obligados ante Dios a comunicar la preciosa luz a
las almas absorbidas por el mundo, y amantes del mundo.
Algunos serán convencidos y escucharán las palabras que se
les dirijan en amor y en compasión. Reconocerán que la verdad es
precisamente lo que necesitan para liberarse de la esclavitud del
pecado y desligarse de los principios del mundo. Delante de ellos se
abren temas de pensamiento y campos de acción que nunca habían
comprendido.
En el Redentor Jesús disciernen sabiduría infinita, justicia infi-
nita y misericordia infinita: anchuras, longitudes, profundidades y
alturas de amor que sobrepasan todo entendimiento. Contemplando
la perfección del carácter de Cristo, viendo su misión, su amor, su
gracia y su verdad, son atraídos; se satisface la gran necesidad del
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alma, y dirán con el salmista: “Veré tu rostro en justicia; estaré satis-
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